3 poemas de Enrique Larreta

1. El Gaucho

Es un misterio inmenso, ilimitado
que le sigue, se aleja, le precede,
como el mismo horizonte. Nada puede
refrenar su veloz, su desgarrado

correr, cuando parece que un alado
viento le lleva. Cuando él sigue y cede
a ese goce brutal, y suelta adrede
blanda la rienda al potro desbocado.

Furor que se prolonga y se resbala
sobre el otro furor. Él es la vida
toda, toda la suerte, buena o mala,

de la gran soledad. Sueño infinito
que dispara ante sí, como perdida
boleadora, su afán, su amor, su grito.

2. El Pozo

Son dos sombras inmóviles junto al brocal. Un trozo
de barro queda apenas de aquel nido de hornero.
¡Cuántas y cuántas veces, besándose primero
con la emoción del agua, bebieron de este pozo!

Ella baja los párpados y, sin mirarla, el mozo
le dice con tristeza: “¡Malhaya el forastero
que me robó mi bien y malhaya el dinero!”
Es su voz más que voz un varonil sollozo.

Se han juntado sus manos. Llora la sangre, llora
bajo la piel morena; mientras ella, al instante,
“Fue la vida –responde-, no fui yo la traidora.”

Luego los dos se inclinan sobre el profundo espejo.
Él la mira allá abajo celestial y distante.
Pureza del no ser en el ser de un reflejo.

3.La Gitana

Vete, vete, gitana, la de los peines rojos.
Gitana, la gitana, la del olor impuro.
Florero de claveles. Zacatín de los piojos.
Pero no, no te vayas. Aquí tienes el duro.

Aquí tienes mi mano. Clava, clava tus ojos,
clávalos en los míos, si quieres. Yo te juro
sobre tus amuletos y quebrantacerrojos
y chusquines robados, que no temo el conjuro

de tus pestañas, aunque todos saben que pones
en ellas cierto dengue de hollín, cierto agorero
tiznajo de candiles, con sus invocaciones.

¡Ah! gitana de almíbar, pegajosa y lejana
como tu voz, ¡ah!, vete, vete cuanto antes. Pero
no te vayas aún, no te vayas, gitana.

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